Por: Claudia Ipucha
A veces, una gran revolución científica empieza en un cuarto pequeño, con instrumentos improvisados y una pregunta bien enfocada. Durante la Segunda Guerra Mundial, en Italia, Rita Levi-Montalcini armó un laboratorio en su dormitorio. El contexto era hostil: las leyes raciales del fascismo la habían expulsado de la vida académica por su origen judío. Ella siguió trabajando igual.
Su pregunta era precisa: ¿cómo se desarrollan las células nerviosas? ¿Qué señales les indican crecer, extenderse, conectarse? En esa época, el sistema nervioso todavía guardaba muchos secretos. Rita decidió seguirlos uno por uno, con paciencia experimental y una capacidad extraordinaria para observar. Su trabajo abrió una puerta inmensa: mostró que el desarrollo del tejido nervioso dependía de señales biológicas específicas. Esa línea de investigación la llevó, años más tarde, al hallazgo del factor de crecimiento nervioso, conocido como NGF. Ese descubrimiento transformó la neurobiología.
La escena que define a Rita
La imagen de Rita en un gran instituto llegó después. Antes hubo otra escena, mucho más reveladora: una científica joven, aislada de la universidad, montando un laboratorio casero para seguir investigando. Incubaba huevos fecundados, preparaba material con recursos mínimos y observaba embriones al microscopio mientras Europa atravesaba una de sus etapas más brutales. Ese laboratorio doméstico aparece en su autobiografía del Nobel con una frase simple y potentísima: “I then decided to build a small research unit at home and installed it in my bedroom.”
Rita había nacido en Turín el 22 de abril de 1909. Se graduó en Medicina y Cirugía en 1936 en la Universidad de Turín, y luego siguió su formación en neurología y psiquiatría. Allí trabajó con Giuseppe Levi, el histólogo que marcó a toda una generación de científicos italianos. Esa etapa importa porque define el tipo de problema que la atrapó desde temprano: el desarrollo del sistema nervioso y la lógica íntima con la que una célula nerviosa crece, se orienta y sobrevive.
El hallazgo que cambió el mapa de la neurociencia
Después de la guerra, Rita continuó su trabajo en Estados Unidos junto al embriólogo Viktor Hamburger en Washington University, en St. Louis. Allí profundizó los experimentos que había iniciado en Italia y empezó a demostrar algo decisivo: ciertos tejidos liberaban señales capaces de estimular de forma intensa el crecimiento de fibras nerviosas. Más adelante, junto con Stanley Cohen, logró aislar esa actividad biológica y describir el NGF, el primer factor de crecimiento identificado de manera clara en este campo.
Ese hallazgo cambió la escala del problema. Ya no se trataba solo de mirar neuronas al microscopio y describir su forma. Rita ayudó a mostrar que las células responden a mensajeros concretos, moléculas capaces de regular supervivencia, diferenciación y crecimiento. El NGF se volvió una pieza fundacional para entender cómo se organiza el sistema nervioso durante el desarrollo y cómo ciertas neuronas dependen de señales tróficas para mantenerse vivas. Un perfil histórico publicado en PNAS lo llama, con toda razón, “the prototypical growth factor”: el modelo fundador de toda una familia de moléculas de señalización.
La conferencia Nobel de Rita, The Nerve Growth Factor: Thirty-Five Years Later, deja ver la densidad real de su aporte. Allí repasa neurogénesis, neuroembriología experimental, acción del NGF en sistemas in vitro e in vivo, y su papel como mensajero trófico retrógrado para células blanco. Dicho en lenguaje llano: Rita ayudó a demostrar que el crecimiento nervioso sigue señales biológicas específicas, y que esas señales podían aislarse, estudiarse y convertirse en una clave central para comprender el desarrollo celular. Ahí está su gran contribución científica.
En 1986 recibió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina junto con Stanley Cohen por el descubrimiento de los factores de crecimiento. El reconocimiento consagró una idea que ya había cambiado la biología: las células no crecen por inercia ni por simple programa interno; crecen, se diferencian y sobreviven en diálogo con señales químicas específicas. Rita ayudó a escribir ese lenguaje.
Una historia de ciencia, carácter y libertad intelectual
La vida de Rita Levi-Montalcini también tiene un espesor humano poco común. En su autobiografía dejó una frase que retrata muy bien su carácter: “At twenty, I realized that I could not possibly adjust to a feminine role as conceived by my father, and asked him permission to engage in a professional career.” Ahí ya aparece la mujer que iba a elegir una vida propia, una vocación científica firme y una independencia poco frecuente para su época.
Vivió más de cien años y se convirtió en una figura pública de enorme prestigio en Italia. En 2001 fue nombrada senadora vitalicia por el presidente de la República, un reconocimiento oficial a sus méritos científicos y sociales. Su presencia pública tuvo peso porque hablaba desde una combinación rara y valiosa: excelencia experimental, claridad intelectual y autoridad ganada en el laboratorio.
Rita Levi-Montalcini murió en Roma el 30 de diciembre de 2012, a los 103 años. Su legado sigue vivo en la neurobiología moderna, en la biología del desarrollo y en la historia grande de la ciencia del siglo XX. También sigue viva esa escena inicial que elegiste conservar, y con razón: una mujer joven, en un cuarto pequeño, siguiendo el crecimiento de las neuronas hasta encontrar una de las claves del desarrollo de la vida.
Rita Levi-Montalcini. Biographical. NobelPrize.org.
Disponible en: Nobel Prize.
Rita Levi-Montalcini. The Nerve Growth Factor: Thirty-Five Years Later. Nobel Lecture. NobelPrize.org, 1986.
Disponible en: Nobel Prize.
Zeliadt N. Rita Levi-Montalcini: NGF, the prototypical growth factor. Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America. 2013;110(13):4873–4876.
DOI: 10.1073/pnas.1302413110
Aloe L. Rita Levi-Montalcini: the discovery of nerve growth factor and modern neurobiology. Trends in Cell Biology. 2004;14(7):395–399.
DOI: 10.1016/j.tcb.2004.05.011